Aunque se desconoce la fecha de su fundación, se sabe que la localidad fue rescatada a los moros por Alfonso II de Aragón en 1181, y el nombre de Linares se cita ya en el fuero de Daroca de 1142. Durante algún tiempo se confía a la Orden del Temple la defensa del castillo de la villa, así que son los Templarios quienes rigen los destinos del lugar hasta que, en 1202, Pedro II el Católico hace donación de esta fortaleza, y también de la de Puertomingalvo, a favor del Cabildo de la Seo de Zaragoza. Se trataba de incrementar la población, menguada sobremanera a principios del siglo XIII en ambos lugares, los cuales se convierten ahora en patrimonio de la Mesa episcopal cesaraugustana. Desde entonces pertenecerá al obispado de Zaragoza durante seis siglos más hasta la desamortización.

Fabrique de Portugal, señor de Linares

En 1532, don Fabrique de Portugal (Arzobispo de Zaragoza y, por ende, señor de Linares) intenta atajar el decaimiento de la antigua fortaleza de este pueblo, que como tantos otros, había perdido su importancia militar, pero no podrá hacer frente a los costes de restauración calculados.

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